"Niña, pregúntale a La Muerte si quiere el café solo o con una migajina de leche".
martes, enero 05, 2010
La Muerte
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martes, enero 05, 2010
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jueves, diciembre 31, 2009
Una década
Esta foto debe ser, aproximadamente, de los albores de la década que esta noche termina con las campanadas y las uvas. La primera del siglo XXI. Una década en la que he cambiado por dentro y por fuera, como casi todo el mundo. Me corté el pelo. Descubrí, por fín, que era eso del trabajo.
Ampliamos la familia. Mis amigos se pusieron novios primero y fechas de boda después. Estudié una carrera y empecé otra. Pedí un par de préstamos. Hice planes en plural. Me fui de casa para volver siempre. Conocí los sabores de la vida en pareja. Hice amigos nuevos. Conservé los otros. Perdí a algunos a los que intenté no echar mucho de menos.
Me apasioné por mi profesión y la seguí idealizando a pesar de trabajarla cada día. Me gasté el dinero en libros y cubatas. Viajé en avión y en AVE. Salí de la península. Aprendí un idioma. Reí a carcajadas todo lo que pude. Lloré viendo el Telediario. Estrenamos dos coches. Conocí la ciudad en la que nací. Aprendí chistes nuevos y olvidé los que sabía. Descubrí a Kapuscinsky, García Montero, Saramago y Sabines. Me hice un blog. Celebré diez cumpleaños. Escribí para una comparsa. Intenté adelgazar. Canté hasta las tantas.
Entré dos veces en quirófano. Monté en camello. Dormí poco y acompañada. Disfruté de los museos y los cines. Fui payaso y Rey Mago. Me enamoré de mi tierra hasta las trancas. Me hice preguntas y olvidé certezas. Aplaudí hasta que me dolieron las palmas de las manos. Me disfracé. Me vestí de gitana. Aprendí nuevas palabras. Pegué frases en mi pared que intenté llevar a la práctica cada día. Empecé a odiar la Semana Santa y se me saltaron las lágrimas con uno de los pasos. Fui incapaz de dejar de apasionarme por el teatro.
Besé y me besaron. Susurré a los oidos y me susurraron. Abracé y me abrazaron. Claro que también grité y me gritaron. Pero tuve una revelación que era una intuición en la década anterior: cuanto más amor y más alegría se ofrezca, más amor y alegría se recibe. Intenté traducir los galimatías. Cambié el registro. Aprendí a conducir. Mantuve el recuerdo de mi padre e intensifiqué el amor a mi familia. Perdí el pudor a decir "te quiero".
Sólo le pido a la década que entra comprenderme y comprender a los demás. Seguir teniendo dudas y contradiciones. Y, siempre que fuera posible, renovar mi compromiso con la Felicidad y la Vida.
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martes, diciembre 29, 2009
Soltar el micrófono
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jueves, diciembre 24, 2009
Berrocal 17
Lo indica un letrero en la carretera: Berrocal 17. He hecho un alto en el camino a mi Nochebuena. Era la primera vez en mi vida que tomaba ese desvío. Al principio, todo cambia. Parece el norte de la península. El campo verde y húmedo, los alcornoques, las vacas y un par de aldeas pequeñas: Membrillo y Marigenta. Después cambia otra vez y las curvas te escupen a un mar de eucaliptos (que en su tiempo también fueron alcornocales, seguro), el cauce del Río Tinto y el antiguo ferrocarril minero del mismo color. Y el camino sube, sube y sube. Y en lo más alto, el pueblo.
LLego a la casa donde pasa su primer día de alta. Una blanca de zócalo verde junto a la iglesia. Ella está sentada en una butaca viendo la tele, lanza una exclamación de sorpresa al verme llegar. Como si nada hubiera pasado, como si nunca hubiera ocurrido este infierno de hospitales, respiradores, sondas y cateterismos. Como si nunca hubiéramos sentido el dolor que esta tarde me hacía sentirme tan cerca de sus padres, su hermano y sus tías, que me han abrazado como si formara parte de su familia.
nación y rutas senderistas con su tío, el ecologista Juan Romero, así me he sentido: como en casa. Y hemos compartido un café con piñonates berrocaleños y recuerdos. Ésos que ahora le faltan a ella pero que ninguno de los de su alrededor tiene reparos en traérselos. Yo tampoco: la carrera en Sevilla, nuestro posterior reencuentro en Huelva, las anécdotas, aquella vez que la vi en la tele en una cruz de su pueblo mientras yo estaba en Tarifa, los amigos comunes, el disco nuevo de Sabina...
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miércoles, diciembre 23, 2009
Bailar
Tengo que reconocer que hoy he pasado miedo. Que el coche se movía con el viento, la carretera tenía bolsas de agua y había cosas grandes de hormigón atravesadas en la vía. Tengo que reconocer que he ido despacio y he hecho una parada en una gasolinera con la excusa de comprar agua y el único objetivo de ver una cara, aunque fuera desconocida. Tengo que reconocer que la lluvia caía en horizontal y los coches de al lado salpicaban una manta de agua que me hacía esforzarme. Tengo que reconocer que al llegar he respirado hondo y le he dado las gracias a la primera voz que he escuchado que en reallidad era un gracias a la vida que, en días como éste, valoro más que nunca. Tengo que reconocer que ha sido a lo largo de esta jornada, que empezaba negra y desagradable, cuando he recordado que deseo bailar con mis amigos esta canción de Drexler. Puede que hasta vestidos de blanco. Precisamente habla de las fronteras.
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domingo, diciembre 20, 2009
Codos y barra: El Ferretero
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sábado, diciembre 19, 2009
Fusiones y gañotes
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miércoles, diciembre 16, 2009
Paredes de papel
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miércoles, diciembre 09, 2009
Talones de Aquiles
Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí. Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás hecha para mí, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo hambre o sueño. Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío?
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miércoles, diciembre 09, 2009
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martes, diciembre 01, 2009
El día que me hice mayor
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